sábado, 5 de mayo de 2018

El Tiempo (parte 3)


Trató de pasar la lengua sobre ellos pero estaba igualmente acartonada. Marisa acudió con presteza y le pasó un trapito húmedo sobre la boca.
“Qué haría sin ella”, se preguntó agradecido. Había sido el cayado que lo había sostenido en el tránsito de su enfermedad. Sabía con certeza que ya estaba en la última etapa del calvario. Comprendió que lo habían llevado a la casa para que estuviera más contenido, en compañía de los suyos.
“Ya está, se terminó todo”, pensó acongojado y sorprendido. “¿Cuándo se me pasó la vida tan rápido?” Dejó la pregunta sin respuesta. Otros pensamientos acuciantes asomaban a su mente.
Sabía que había postergado tozudamente cualquier reflexión acerca de los temas existenciales de la humanidad. No porque no los considerara importantes, sino porque tenía “todo el tiempo del mundo” para hacerlo. Jamás se le ocurrió pensar que el final pudiera estar a la vuelta de la esquina, que una célula tan minúscula e insignificante podría ser la causante de que su historia tuviera un desenlace anticipado. Ahora, tumbado de espaldas en la cama, sus pensamientos giraban alocadamente sin darle tregua. En breve se develarían los interrogantes que habían inquietado a los seres humanos desde que tuvieron conciencia de su propia finitud. Se sintió sobrecogido por un miedo visceral. El calor de la fiebre lo sofocaba, mezclado con un profundo sentimiento de desamparo. Allí mismo, tendido en la cama, se aferraba con desesperación a la plena conciencia de su existencia, como si al hacerlo pudiera posponer lo inevitable. Si hubiera sentido esa misma sensación en cada segundo de su vida la hubiera vivido de una manera muy diferente. Pero en ese momento en que estaba a punto de trasponer el umbral de la nada, más consciente era del valor intrínseco de la vida, de que estaba vivo, respiraba, pensaba, sufría; todavía sentía la sangre fluir por sus venas.


CONTINUARÁ....

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