viernes, 4 de mayo de 2018

El Tiempo (parte 2)

Comprobó aliviado que un niño corría apresurado hacia la zona del gimnasio. El sonido del viento fue lo único que se escuchaba cuando los ecos del portazo se apagaron.
Le pareció percibir un sordo clamor proveniente de las aulas, como el sonido de un enjambre lejano. La piel se le erizó al vislumbrar lo que sucedería a continuación. El murmullo iba creciendo en intensidad, como crece la marea que luego envuelve toda la playa. El corazón del niño comenzó a bombear con fuerza. Podía percibir el latido de sus sienes, que semejaba antiguos tambores tribales dibujando un ancestral llamado de peligro. La adrenalina le recorría el cuerpo. El sonido estruendoso de una puerta abierta de golpe le hizo dar un respingo. Decenas de niños de distintas edades eran vomitados hacia el patio a través de la abertura acompañados por un bullicio ensordecedor.
La energía contenida durante las interminables clases hacía eclosión transformándose en movimiento, gritos, juegos, mejillas rojas y rostros plenos de excitación.
 El sonido estridente del timbre electrificó el ambiente. Los puños del niño se apretaron aún más dentro de los bolsillos de su sacón. Notó con desagrado que las piernas le temblaban, pero no de frío. Los alumnos más grandes comenzaron a emerger por la puerta del patio, preludio de la amenaza que se cernía sobre él. Fue entonces que decidió cerrar los ojos para sumergirse en el efímero bálsamo de la oscuridad.
Damián levantó los párpados lentamente. Una intensa luz hirió sus ojos. Marisa notó que el brillo lo mortificaba y la apagó de inmediato dejando sólo un velador que arrojaba una iluminación mortecina. Damián trataba de recuperar el sentido del aquí y ahora. Reconoció el dormitorio de la casa familiar. Su mente fue accediendo paulatinamente a los hechos recientes hasta que logró recomponer la cadena de acontecimientos que desembocaban en el tiempo presente. Sintió los labios resecos.

CONTINUARÁ... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario