lunes, 26 de febrero de 2018

El peso de la vida


Hace unos días me crucé por el puente de Piedra con un señor mayor que empujaba su bicicleta. Cesta delante y carro acoplado detrás, llevaba tantas cosas en ella que no podía subir la cuesta que va hacia el Arrabal de otra manera que, empujando, lo que se supone es, su medio de transporte. Me sorprendió la imagen por la de cosas que llevaba.
A los pocos días lo volví a ver por la calle Alonso V. Estaba sentado en las escaleras del Albergue, la navaja en una mano y un poco de pan con un trozo de longaniza en la otra, y junto a él, todos sus enseres perfectamente acoplados sobre su bicicleta. No pude evitarlo y me senté junto a aquel hombre de aspecto desaliñado, pero de rostro sereno y relajado. Le saludé y le dije si podía hacerle una pregunta, ― ¡claro!― me respondió mientras me ofrecía un trozo del embutido. Acepté el bocado y continué:
― ¿Cómo se vive así, de un lado para otro?
― Se vive descansado.
― ¿Con todo encima? ―volví a preguntar.
― Tengo todo lo que necesito para vivir y pesa mucho menos de lo que cualquiera de vosotros necesitáis para un solo día.
Me sorprendió tanto la contestación que no atiné a balbucear palabra y fue entonces cuando prosiguió:
― Una vida debería pesar y ocupar lo que cabe en una bicicleta.
― Debería ser así, pero desgraciadamente, no lo es.
Me levanté, le di la mano y las gracias y me alejé con una enorme tristeza existencial hacia mi casa que, evidentemente, pesa y ocupa más que su abarrotada bicicleta, pensando en lo que el hombre me había dicho e imaginando como de ahora en adelante sería mi vida.

jueves, 15 de febrero de 2018

Carta de amor

Mi amor,
He estado pensando mucho en las palabras que quiero y necesito escribirte. Te escribo no para sorprenderte, sino para poder decirte todo lo que siento por tí, porque parece que escribirlo se me da mejor que decírtelo a la cara.
Tenemos una relación especial entre nosotros, ya que solo con mirarnos, sabemos qué es lo que necesitamos tanto tú como yo.
Me pierdo en tus ojos cada vez que los miro y tu piel hace que quiera acariciarla siempre y hasta que ya no tenga fuerzas. Me encanta estar a tu lado y me gustaría saber si tú sientes lo mismo por mí.
Recuerdo la primera vez que te vi, y entonces, ese fue el mejor momento de mi vida, porque supe de algún modo, que nuestros corazones a la vez que nuestras almas estaban destinadas a cruzarse de una forma muy especial y significativa. No sé cómo tuve fuerzas de acercarme a ti por primera vez y de poder entablar una conversación, pero la verdad, que es la mejor decisión que he tomado en la vida, porque gracias a eso, hoy estamos juntos.
El tiempo que pasamos juntos es maravilloso y cuando no estás a mi lado solo tengo ganas de escribirte y llamarte para saber cómo estás y que estás haciendo en ese momento, pero no quiero molestarte y por eso te dejo tu espacio, porque es algo que ambos necesitamos como el aire para respirar. Nuestro espacio es necesario para que nuestro amor vaya en aumento en cada momento y en cada día.
Estoy totalmente enamorado de ti, mi querido amado.
Me pierdo en tu ser, en tus ojos, y soy feliz de poder decirte que te amo cada día más. Solo quiero que nuestro amor siga creciendo y que como una planta a la que hay que cuidar, ambos la cuidemos para que siga creciendo y floreciendo como hasta ahora, y que cada día le aparezcan nuevas hojas y flores a nuestra planta.
Te Amo Mucho,

Tu Amada.

miércoles, 14 de febrero de 2018

El Interruptor (parte 10)

Una risa incontenible brotaba de su interior al comprender que estaba atrapado en una cárcel de la cual no podría salir, condenado a ser un mudo espectador de sus posibles vidas hasta... ¿hasta cuándo?, ¿hasta que todos sus posibles alter ego murieran?, era imposible saberlo. Su mirada vagaba de un cuadro a otro. Fue consciente de la tremenda ironía de la situación. Había querido "detener" el tiempo y el tiempo lo había detenido a él, mientras sus homónimos seguían viviendo, ignorando totalmente el drama que protagonizaba.
Una sensación de entumecimiento progresivo lo invadía lentamente. Su carne se transformaba en otra cosa, otro tipo de materia, más dura, más densa. Comenzó a sentir una rigidez mortal. Mientras se producía la metamorfosis, los latidos de su corazón cambiaban de sonido, de ritmo y el mismo órgano que había bombeado la sangre dentro de su cuerpo durante tantos años se sentía diferente también, como una precisa maquinaria.
Súbitamente un tic-tac comenzó a brotar de su interior, cada vez con más fuerza, hasta hacerse ensordecedor. Las caras de los múltiples "él" de las múltiples pantallas se volvieron a mirarlo con curiosidad. Veía su propio rostro infinitamente replicado acercarse y observarlo con atención. Las infinitas manos lo tomaron para ponerlo en hora y luego colocarlo nuevamente sobre el mueble bajo del living, con sumo cuidado.
Los observó darse vuelta y continuar con sus vidas. Él había resuelto el enigma que siempre lo había desvelado, el interrogante que tanto había querido descubrir acerca de la naturaleza del tiempo, porque comprendía al fin que, a partir de ese momento, ambos se habían fundido en una misma cosa.

 FIN

martes, 13 de febrero de 2018

El Interruptor (parte 9)

Estaba en su departamento. Había vuelto al principio de su camino.
El corazón le saltó en el pecho cuando delante de él vio una imagen horrenda, una forma negra, cubierta de un asqueroso barro de pies a cabeza, con los restos de sus vestiduras en un estado lamentable. Pudo percibir también el hedor a basura y orín que emanaba de su cuerpo y se sintió enfermo de nuevo. Había visto su propia imagen reflejada en el espejo largo del living. No podía creer que ese despojo infrahumano fuera él.
Un chillido familiar desvió su atención hacia otro punto del cuarto. Allí estaba la rata sobre el reloj. La pesadilla se volvía interminable. Debía ir hacia el interruptor y ubicar la perilla en la posición de arranque para que todo volviera a la normalidad; después se ocuparía de ella. Movió un pie, luego otro; la meta parecía inalcanzable. El roedor lo miraba divertido.
Un nuevo chillido peor que todos los anteriores llenó la habitación y el espanto lo detuvo al ver lo que el siniestro animal estaba haciendo. La bestia sacudía el reloj con todas sus fuerzas, usando las patas delanteras, y éste se balanceaba peligrosamente de un lado al otro. En uno de los vaivenes, la fuerza que lo hacía volver a su posición original fue superada, desplazando el centro de gravedad del aparato y éste debió girar para encontrar una nueva posición de equilibrio, volcándose hacia adelante.
Quiso gritar al comprender que el interruptor caería al suelo empujado por la rata sin que él pudiera impedirlo. Segundos después impactó sobre el piso del living. El vidrio del cuadrante de destrozó en múltiples astillas. El reloj quedó inmóvil. La rata había desaparecido de la escena. Quiso caminar hacia él pero no pudo hacerlo; algo le impedía moverse. Se sentía como en esas pesadillas donde era perseguido por algún monstruoso personaje y quería correr, escapar, pero su cuerpo no le obedecía.

De pronto, el reloj se desvaneció también. Una infinidad de planos paralelos se fueron corporizando delante de sus ojos, como sucesivas pantallas de cine traslúcidas. En cada una de ellas se proyectaban imágenes de las que pudieron ser sus probables vidas. Una tras otra, distintas tomas lo reflejaban haciendo las cosas cotidianas. Algunas escenas eran muy parecidas o estaban levemente desfasadas, pero otras eran diferentes en su totalidad, evidenciando que alguna drástica decisión tomada en el pasado habría cambiado por completo su futuro.
CONTINUARÁ...

lunes, 12 de febrero de 2018

El Interruptor (parte 8)

La pequeña luz al final del mismo todavía estaba allí. Comenzó a desplazarse paulatinamente, laboriosamente a medida que el final del camino se acercaba hacia él.
Por fin alcanzó la salida y desembocó en una cámara como la del otro extremo, pero casi a oscuras. La silueta de una puerta formaba una brillante figura geométrica, hábilmente dibujada por la luz que provenía del otro lado. Se incorporó como pudo y quedó parado frente a ella sin atreverse a abrirla por miedo a lo que encontraría del otro lado. Se sentía completamente miserable. Otra vez las lágrimas afloraban a sus ojos sin que pudiera impedirlo. Se había excedido, había jugado con lo desconocido y estaba pagando las consecuencias. El miedo y el terror volvían al comprender que tendría que abrirla y enfrentar lo que hubiera detrás. Ya no aguantaba más, sólo quería descansar.
Su mano vacilante tomó el picaporte y tiró de él. Una luz intensa lo cegó por completo, pero igualmente se lanzó a través de la abertura al espacio contiguo dando un par de pasos inseguros. Después de unos segundos se obligó a abrir los ojos y quedó atónito ante el espectáculo que tenía ante sí.
Estaba en su departamento. Había vuelto al principio de su camino.

El corazón le saltó en el pecho cuando delante de él vio una imagen horrenda, una forma negra, cubierta de un asqueroso barro de pies a cabeza, con los restos de sus vestiduras en un estado lamentable. Pudo percibir también el hedor a basura y orín que emanaba de su cuerpo y se sintió enfermo de nuevo. Había visto su propia imagen reflejada en el espejo largo del living. No podía creer que ese despojo infrahumano fuera él.
CONTINUARÁ....

viernes, 9 de febrero de 2018

El Interruptor (parte 7)

Estaba en una encrucijada. No sabía si seguir o volver. Una furia ciega comenzó a surgir de su interior sobrepasando al miedo y a la angustia que lo había dominado anteriormente. Sentía que la sangre le ardía y le golpeaba las sienes con violencia. Por un momento dejó de lado todos sus miedos y se sumergió sin pensar en el estrecho túnel, caminando sobre sus rodillas y manos, en medio de una oscuridad.
A medida que se introducía en el pasadizo, sus manos se sumergían en una sustancia pegajosa y desagradable, una especie de barro gelatinoso. Sus rodillas resbalaban haciéndole difícil avanzar. Trataba de reprimir el asco que sentía y no pensar en qué clase de porquería estaría chapoteando. El aire se volvía irrespirable. La hediondez del mismo lo estaba matando.
Estaría en la mitad del recorrido cuando su cara se vio envuelta en "algo" que se le adhirió como una máscara asfixiante. El terror lo hizo incorporar como un resorte. Su nuca golpeó con dureza el techo del pasadizo. Sus manos fueron instintivamente hacia su cara y sintió el pegajoso barro tapándole los ojos, la nariz, la boca. Sintió un asco profundo y visceral. Las arcadas lo comenzaron a sacudir con violencia. Algo caliente y húmedo le recorrió los muslos. La desesperación que lo dominaba hizo explotar sus pulmones en un alarido bestial e inhumano. Después del estallido quedó doblado sobre sus rodillas, abrazado a su propio cuerpo, al mismo tiempo que lloraba como nunca antes lo había hecho en su vida.

Después de agotar la totalidad de las lágrimas que era capaz de llorar, todos los gritos que era capaz de vociferar y después de arrepentirse mil veces de lo que había hecho, quedó inmóvil y en silencio durante un largo rato. Finalmente, se obligó a encarar la dura tarea de salir del inmundo lugar donde se encontraba atrapado. Miró hacia el extremo del túnel.
CONTINUARÁ...... 

jueves, 8 de febrero de 2018

El Interruptor (parte 6)

Al doblar el codo del pasillo la vio parada en una puerta trampa en el piso, que llevaba a un sótano. Cuando él se encontraba a unos pocos pasos, el enigmático roedor se deslizó por la puerta y desapareció de su vista. Otro de sus miedos atávicos le hacía imposible continuar con la persecución, ya que le temía a los lugares oscuros y profundos que podían ser refugio de quién sabe qué clase de horrenda criatura o criaturas. Se dijo que, si había llegado hasta ahí, debía continuar.
Bajó las escaleras y se encontró en medio de un desorden total. La rata se introducía en un largo y oscuro pasadizo, cuya entrada estaba en la pared del fondo de la habitación. Dejó escapar una maldición cuando la vio desaparecer. Comenzó a transitar el pasadizo sin dejar de jurar. El lugar era lúgubre, húmedo y estaba apenas iluminado por un reflejo que provenía del final del mismo. A medida que se aproximaba al otro extremo el techo del pasadizo se hacía más bajo. Ya le resultaba incómodo caminar.
Al salir del estrecho pasaje se encontró en una cámara donde una lámpara de aceite daba una extraña e increíble luz. Le pareció raro que esa antigüedad pudiera iluminar el lugar por el cual había llegado, pero más le sorprendía la total inmovilidad de la llama. El miedo, que había comenzado a invadirlo de a poco, lo llenaba ahora con mayor intensidad a medida que seguía adentrándose en las profundidades del laberinto.

La rata no estaba. Miró en todas direcciones pero no la vio. Lo que sí vio fue una estrecha abertura en uno de los lados de la cámara. Se dirigió hacia allí y se agachó para mirar en el interior del túnel. En medio de la oscuridad pudo percibir el inconfundible chillido de la rata y fugazmente, el brillo de sus ojos. La maldita se había metido en un lugar donde él era incapaz de seguirla. Tendría que abandonar la persecución y volver a su departamento. La idea le resultó imposible. Le pareció que su departamento se encontraba a años luz de allí, tan lejos como la luna.
CONTINUARÁ...