Cuando
la madre veía esa ficha o hablaba con su maestra, se le rompía su corazón de
madre. Y fue ese dolor lo que le hizo tomar una gran determinación que
cambiaría la vida de su hijo para siempre.
Ese
día, en el cual Antonio traía del colegio también una ficha llena de tachones
rojos, decidió comprar un bolígrafo verde con el que podría ayudar a su hijo a
mejorar su manera de escribir. Cada tarde se sentaba con él en la mesa de la
cocina y practicaban ejercicios de lectura y escritura durante unos quince
minutos.
Cuando
el pequeño terminaba los ejercicios, su madre cogía el bolígrafo verde del
cajón de la cocina y rodeaba con un circulo todos los aciertos que había
cometido su hijo, que cada vez eran más.
Esta
rutina hizo que con el tiempo su hijo no sólo fuera mejorando su manera de
escribir, sino que además mejoró su autoestima y autoconfianza, ya no lloraba
cuando venía del colegio y la profesora se mostraba cada día más contenta con
Antonio.
Hasta
que llegó el día en que su madre guardo el bolígrafo verde en el cajón de la
cocina, el bolígrafo verde en el que su hijo había aprendido la importancia de
los aciertos, el valor del refuerzo positivo incondicional.
CONTINUARÁ....
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