sábado, 25 de abril de 2020

Poema a San Marcos

Viste de gala el caballo
y adorna bien la carroza,
ponte tu traje de campo
y vete a buscar tu novia
que vamos a por el Santo
que le ha llegado su hora.

Caballos engalanados
y ornamentadas carrozas,
jóvenes ataviadas,
mayores ilusionados
hermosas y guapas mozas,
caminan y entonan cantos
en la alegre romería
hacia la ermita del Santo
cual solemne cofradía.

Y con paciencia de Santo
allí esperaba a su pueblo
esta imagen de madera,
sosteniendo entre sus manos
la pluma y los evangelios
pues evangelista era,
y hombre de vasta cultura
el Santo que veneramos
según nos hacen saber
las Sagradas Escrituras.

A este Santo le atribuyen
los lugareños del pueblo,
la lluvia del mes de marzo
y las que granan sus trigos
que son la de abril y mayo,
por eso se le suplica
se le reza y se le implora,
que no falte en estos meses
que si el agua se demora
se pueden perder la mieses
y vaciarse las alforjas

Hacia el pueblo se encaminan
los romeros con su santo,
y entre oraciones y cantos
la procesión se termina
con la llegada a la iglesia
donde lo esperan devotos
y entusiastas feligresas,
gente con mucha ilusión,
que con razón es san Marcos
santo de su devoción.

jinetes en sus caballos
lucen sus cabalgaduras,
desfilando por las calles
exhibiendo a sus parejas
a lomos de sus monturas,
tratando de demostrar
su agilidad y destreza
con el dócil animal,
y ejecución magistral
de alguna hermosa pirueta.

Los bares llenos de gentes
lugareños, forasteros,
donde se cuentan historias,
donde se tocan las palmas
y se canta alguna copla
para animar el ambiente,
entre vasitos de vino
y copitas de aguardiente.

Y terminada la fiesta
San Marcos vuelve a su ermita,
un entorno natural
para poder contemplar
con plenitud de conciencia,
la belleza singular
del contraste colorido
en tiempo primaveral

De fondo la blanca ermita
entre los verdes trigales,
y el rojo de la amapola
y el blanco de margaritas,
que mecidos por el viento
semejan un mar de olas
del que fluyen mil perfumes
y formas de caracolas.

Adiós, San Marcos bendito,
en el recuerdo te llevo,
y aunque me veas de marchar
Patrón amado y querido,
no entristezcas ni te aflijas
te recordaré a diario,
por eso he vuelto a marcar
el veinticinco de abril
de nuevo en mi calendario.

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