Como siempre, sus padres intentaron calmarla y hablar con ella para que entendiera que no podían estar comprando todo lo que se le antojara, pero sus esfuerzos no sirvieron para nada.
Finalmente, Marta acabo pensando en su dormitorio. Sin disfraz y con un gran disgusto encima, se quedo dormida con la convicción de que sus padres no eran justos.
Al día siguiente, Marta no habló a sus padres y estos estaban muy disgustados por la actitud de la pequeña.
Pero al llegar al colegio, como siempre, Marta cambiaba su actitud. Le daba mucha vergüenza que sus amigos supieran de sus rabietas y malhumor. Vamos, que en casa se comportaba de un modo y el colegio era totalmente distinta.
Por eso, su amiga que se dio cuenta de lo mucho que le había gustado la máscara veneciana, trajo otra máscara más que sus padres le habían regalado. – ¡Mira lo que te he traído, Marta!
La pequeña no salía de su asombro. Le dio un fuerte abrazo a su amiga y juntas dedicaron el día a imaginar cómo iba a ser la fiesta de carnaval.
Cuando sus padres fueron a recogerla, Marta guardó silencio. Pero al llegar a casa sacó de su mochila la máscara y se la mostró a sus padres. – Mira mamá, mi amiga me ha prestado una máscara.
Su madre, que aún estaba muy disgustada por el berrinche del día anterior, prefirió no contestar. Se limitó a esbozar una media sonrisa y a preguntarle qué quería de merienda.
CONTINUARÁ....
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