martes, 2 de abril de 2019

Un cuento de Semana Santa (parte 3)

Entonces, Alejandro le respondió:

- Mamá ¿sabes por qué la Virgen ya se ha ido? Porque como a mí ya me ha curado, ahora se ha marchado a sanar a otros niños…

En el mes de agosto de ese mismo año, dieron de alta hospitalaria a Alejandro. Meses más tarde, cuando se consolidó la recuperación, Clara hizo hermano de la Salud a su hijo y durante algunos años éste salió de nazareno delante de la Virgen.

CONTINUARÁ....

lunes, 1 de abril de 2019

Un cuento de Semana Santa (parte 2)

- Oye Ale, ¿a ti te gusta la Semana Santa?
- Sí.
- ¡Hombre, por fin me has hablando! ¡Qué bien! Pues voy a darte una cosita.

Álvaro, lleno de alegría, sacó de su cartera una estampita de la Virgen y se la regaló al chico. Clara, que no reconocía a la Virgen, le preguntó al voluntario por la imagen y éste le respondió que se trataba de la Virgen de la Salud, que recibía culto en la iglesia San Pablo. En ese mismo instante, nuestra protagonista recordó que unos años antes había visto esa Virgen sin palio por los aledaños de la Alameda y que, precisamente, esa estampa le había llamado la atención porque hasta entonces no había contemplado ninguna dolorosa sin techo.

Cuando Álvaro se fue, Alejandro guardó su estampita debajo de la almohada y cada noche, antes de acostarse, besaba la imagen de la Virgen. Por las mañanas, Alejandro y su madre advertían a las auxiliares para que no perdiesen aquel regalo a la hora de cambiar las sábanas.

Meses más tarde, llegó la Semana Santa. Alejandro, espontáneamente, le pidió a su madre que acompañase a la Virgen de promesa cuando ésta saliera en procesión. Sin pensárselo dos veces, Clara acudió a San Pablo, pero el Domingo de Ramos del año 2000 las inclemencias meteorológicas impidieron a la hermandad realizar estación de penitencia por las calles de Málaga.

Cuando regresó al hospital aquella noche, Alejandro le preguntó a su madre por la procesión:

- Mamá, ¿has salido?
- No he podido Alejandro, está lloviendo…
- Pero ¿tú has ido?, le interrumpió.
- Pero Alejandro, ¿no ves la que está cayendo?
- Pero tú prométeme que has ido…
- Claro que he ido, pero la Virgen no ha podido salir en procesión.

Tras varios minutos, Clara consiguió convencer a su hijo. Aquella Semana Santa, madre e hijo vieron juntos las procesiones a través de la televisión del Hospital.

Una mañana, Clara y Alejandro bajaron al sótano a realizar unas pruebas. Cuando regresaron a la habitación, las auxiliares ya habían hecho la cama. Clara y Alejandro buscaron desesperadamente la estampa por todos los rincones, incluso fueron hasta el cuartillo de ropa, pero la Virgen no aparecía. Clara, que había rastreado todas las esquinas, tranquilizó a su hijo:

- Alejandro, no encuentro a la Virgen, pero no te preocupes que mañana llamamos a Álvaro y seguro que nos regala otra estampita.

CONTINUARÁ..........

Un cuento de Semana Santa (parte 1)

Cuando Clara recibió la noticia aquel martes, el mundo se le vino encima. Era quince de febrero. Ese día, los médicos diagnosticaron una leucemia a su hijo de ocho años. En ese mismo instante, Alejandro fue ingresado de urgencia en la cuarta planta del hospital Materno Infantil. Asustado, Ale apenas hablaba con nadie. Los voluntarios intentaban jugar y sacar conversación a aquel niño que aún no se había acostumbrado a las incómodas sondas, pero sus esfuerzos eran en vano.

Un domingo, un nuevo voluntario de AVOI entró en la habitación. Álvaro, que así se llamaba aquel veinteañero, intentó nuevamente entablar diálogo con el pequeño paciente:

- Hola Ale; ¿quieres jugar conmigo?
- No.
- ¿Te apetece ver la televisión, quizás?
- No.
- ¿Y si te cuento un cuento?
- No.

Era imposible. Alejandro no quería nada. Cuando llegó la hora de irse, Álvaro, resignado, se despidió del chico hasta otra ocasión. Pero en un último intento, el joven voluntario dio con la tecla.

CONTINUARÁ......

viernes, 29 de marzo de 2019

No te rindas, de Mario Benedetti

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

Brodek (parte 3)

Y antes de que las lágrimas inundaran sus ojos, antes incluso de saber cuál era el color definitivo de sus alas, Brodek voló hasta la laguna, se sumergió cuanto pudo en ella para calmar su sed de paz, y voló hacia el cielo, tan alto como pudo, como tratando de escapar de la injusta tierra y de su cruel destino. Y cuando estuvo tan lejos que el frío le impedía mover las alas, abrió la boca para soltar su gran llamarada, como queriendo gastarla completamente, o no haberla tenido nunca.
Pero en lugar de fuego, de su boca surgió una finísima capa de escarcha que cubrió los campos, como si su deseo de paz y el agua de la laguna hubieran obrado un milagro. Y sólo entonces descubrió que no sería un dragón de la noche, ni un dragón de la luz, pues una de sus alas pertenecía a la luna, y la otra la sol.
Y cada cierto tiempo, Brodek vuelve a decorar los campos con su mágico aliento escarchado, como queriendo recordar al mundo que no es necesario elegir entre el día y la noche cuando no se sabe odiar.
FIN

Brodek (parte 2)

Por eso Brodek había ido a pensar al bosque, donde esperaba encontrar una respuesta. Pero allí, sentado, en el silencio de la noche, no había respuestas. Sólo una luna llena blanca y preciosa, con pálidos brillos de plata. Y el viento en las hojas de los árboles, más suave y frío que de constumbre, como despidiéndose del joven dragón. Y la noche, una noche profunda llena de estrellas lejanas... Por nada del mundo quería Brodek convertirse en un dragón de la luz para odiar toda esa maravilla, y sintió cómo sus alas comenzaban a teñirse lentamente con el color de la noche.
Pero la noche fue perdiendo fuerza para dar paso a las primeras luces del alba. Era ese uno de los momentos favoritos del dragón, y disfrutó de los tonos rosados del cielo, del suave calor del primer rayo de sol en la cara, de los brillos de cristal y fuego en las aguas y de la alegría que despertaban en el bosque los primeros cantos de los pajarillos... No, tampoco quería ser un dragón de la noche para odiar tantísima belleza.

CONTINUARÁ....

Brodek (parte 1)

Llegó el día. El joven dragón Brodek tendría que elegir su bando, y convertirse en un dragón de la noche o en un dragón de la luz. Ambos grupos, enemigos naturales, se odiaban a muerte, y cada dragón, al llegar su tiempo, tenía que escoger uno de los bandos y formar parte de su ejército.
Casi todos se decidían siendo aún pequeños, y se entrenaban durante años, antes del cambio definitivo. Pero Brodek no lo tenía claro. Y ya no le quedaba tiempo. Al amanecer, sus alas se cubrirían con el azul de la noche o el dorado del sol, y permanecerían así para siempre, y todo su ser odiaría al sol o a la luna sin poderlo remediar. Era el precio del mágico y funesto don de escupir fuego.
CONTINUARÁ.......