miércoles, 5 de septiembre de 2018

Los ojos de mi madre (parte 1)


Cuarenta grados a la sombra, una adolescente con vacaciones y un niño pequeño, fueron  motivos suficientes para que mi madre accediera a mis suplicas de ir a piscina municipal. Llevaba tres días dándole la murga para que nos llevara a mi hermanito y a mí. El hecho de que mis padres se conocieran y que mi madre descubriera las infidelidades de mi padre en una piscina, la condicionó para no querer volver a una en mucho tiempo.

Pero eso ya era agua pasada, hace dos años que se separaron y ya debía de ir superándolo. La convencí con el pretexto de que el cerdo de mi padre no debía de condicionar su vida y la de sus hijos. Pero mis pretensiones iban un poco más allá,  ya que el socorrista de la piscina a la íbamos, era Julián. Un chico guapísimo dos cursos mayor que yo, que conocí en la fiesta de fin de curso y del que me quedé prendada sin remedio. Puede ser que el hecho de que mis padres se conocieran y se enamoraran en una piscina me determinaba a pensar que yo podía correr la misma suerte, no se si sería así o no, pero me negaba a no intentarlo.

El día en el que fuimos apenas había bañistas, teníamos casi todo el recinto para nosotros solos. Cuando entramos a la zona del césped donde nos íbamos a colocar, fue cuando lo vi. Allí estaba Él, subido a la silla del socorrista, sus gafas de sol, su camiseta blanca con las mangas cortadas y su escueto bañador rojo intenso me hicieron suspirar en voz alta llamando de inmediato la atención de mi madre. Afortunadamente me percaté y lo achaqué a las altas temperaturas y al cansancio de cargar con la nevera. Mi hermano Luisito ya corría alrededor de mi madre con los manguitos puestos, no paró de correr hasta que tropezó y cayó al suelo rompiendo en llantos. Mi madre se apresuró a soltar las bolsas y a cogerlo en brazos, pero no paró de llorar hasta llamar la atención de las familias que se encontraban en el recinto.

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