sábado, 11 de enero de 2020

Mano a mano

¿Qué es la familia?, preguntaste
una tarde justo aquí
y mirándote de cerca,
muy segura respondí:
“una mano sobre otra,
otra mano y otra más”.
La mano que te acaricia,
es la mano de mamá,
que te acomoda los rizos
que el viento despeinará,
la que tan fuerte sujetas
en cada paso que das.
Esta mano firme y tierna,
es la mano de papá,
que no para los penaltis
que con fuerza tú le lanzas;
la que por tus sueños vela
y toda sombra rechaza.

miércoles, 1 de enero de 2020

Todo lo contrario

Colecciono pronósticos
anuncios y matices
y signos
y sospechas
y señales

imagino proyectos de promesas
quisiera no perderme
un solo indicio

ayer
sin ir más lejos
ese ayer que empezó siendo aciago
se convirtió en buen día
a las nueve y catorce
cuando vos
inocente
dijiste así al pasar
que no hallabas factible
la pareja
la pareja de amor
naturalmente

no vacilé un segundo
me aferré a ese dictamen

porque vos y yo somos
la despareja.

Tiempo sin tiempo

Preciso tiempo necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
que hacer con él
tiempo
en blanco
en rojo
en verde
hasta en castaño oscuro
no me importa el color
cándido tiempo
que yo no puedo abrir
y cerrar
como una puerta

tiempo para mirar un árbol un farol
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien hoy es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda
preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo

tiempo para esconderme
en el canto de un gallo
y para reaparecer
en un relincho
y para estar al día
para estar a la noche
tiempo sin recato y sin reloj

vale decir preciso
o sea necesito
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo.

Oriente

Llegad, Reyes del Oriente;
la estrella que os va guiando
ya de Belén en la gruta
fija sus destellos claros;
y cuando llenos de gozo
adoréis al niño santo,
seguid por nuevos caminos,
cruzad ligeros los campos,
y atravesad las ciudades
donde os están esperando
los pequeñuelos: dormidos,
con la sonrisa en los labios,
parece que están diciendo:
¿qué traerán los Reyes Magos?

Los adurmió la esperanza,
y en el sueño, dulce y grato,
ven agrandarse, agrandarse,
las figurillas de barro
que estaban quietas y fijas
del Nacimiento en lo alto;
y por las calles obscuras
pasáis en bullicio extraño,
en ricos mantos envueltos,
sobre los caballos blancos
y en los cestos primorosos,
que en las ventanas colgaron,
dejáis los lindos juguetes
y confites delicados,
y al toque de las trompetas,
y al trote de los caballos,
cual fantasmas de la noche
vais pasando, vais pasando.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Ya pasasteis, ya pasasteis;
¡también los tiempos pasaron!
En las sendas de la vida
atrás os fuimos dejando,
y a otros reyes ofrecimos
el corazón por esclavo:
al oro, que es rey del mundo;
al amor, que es rey tirano;
al éxito, que envanece
con su pasajero aplauso;
y cuando en alas del tiempo
también se van alejando
y en el borde del camino
tristes y solos quedamos,
¡ah! cómo entonces volvemos
los ojos a lo pasado,
buscando vuestros contornos
en el imborrable cuadro
de aquella edad venturosa
que os esperaba soñando.

Porque fuisteis la inocencia
de nuestros primeros años;
porque fuisteis la caricia
de aquella bendita man
que os colocó, cuidadosa,
del Nacimiento en lo alto,
y en el cestillo de mimbres
colocó vuestro agasajo.
¡Ah! si venís todavía
como en los tiempos lejanos,
para ser de los pequeños
el regocijo y encanto,
dejad también a los grandes
de vuestros presentes algo;
dejad también a los tristes,
para el corazón, un bálsamo,
algún consuelo en el alma
y una oración en los labios;
y al dormirnos, dulces sueños
de la infancia recordando,
tal vez una blanca sombra
nos tienda amorosos brazos,
diciéndonos, como entonces:
¡ya vienen los Reyes Magos!

Reyes Magos

-Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso. 
Vengo a decir: La vida es pura y bella. 
Existe Dios. El amor es inmenso. 
¡Todo lo sé por la divina Estrella

-Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo. 
Existe Dios. Él es la luz del día. 
La blanca flor tiene sus pies en lodo. 
¡Y en el placer hay la melancolía! 

-Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro 
que existe Dios. Él es el grande y fuerte. 
Todo lo sé por el lucero puro 
que brilla en la diadema de la Muerte. 

Triunfa el amor y a su fiesta os convida. 
¡Cristo resurge, hace la luz del caos 
y tiene la corona de la Vida!

Los Reyes Magos (parte 2)

Al cabo de unos días de viaje, los tres reyes se encontraron en el camino. Ambos comenzaron a hablar del firmamento y de aquella nueva estrella que les atraía poderosamente. Los tres llegaron a la misma conclusión: la estrella les llevaría al nacimiento de un nuevo rey, un rey de reyes.
Todos estuvieron de acuerdo que un rey de reyes necesitaba regalos dignos de su persona. Melchor decidió pues llevar oro; Gaspar, incienso; y Baltasar, mirra, los mejores presentes de la época.
Tras un largo viaje los Reyes Magos llegaron hasta Belén, justo allí donde se había posado la estrella y encontraron con gran alegría y tal y como habían pensado un bebé, con su madre María y su padre, José. Melchor, Gaspar y Baltasar, se pusieron de rodillas frente al pesebre donde dormía el Niño y pusieron los regalos a sus pies.
El niño Jesús, se puso tan contento con su visita que otorgó a los tres Reyes Magos el don de la vida eterna y la facultad de poder llevar regalos a todos los niños del mundo una vez al año.

Los Reyes Magos (parte 1)

Érase una vez hace muchos, muchos años, existían tres reyes que además de ser muy sabios, eran capaces de leer e interpretar las estrellas. Uno vivía en Europa, otro en Asia y otro en África y los tres pasaban noches y noches mirando las estrellas, lo que ninguno sabía es que una de ellas cambiaría su vida por completo.
Un buen día, Melchor un rey europeo, de larga barba era blanca, tan larga como su inteligencia estaba mirando las estrellas desde su palacio. De pronto vio una estrella fugaz, que se detuvo arriba en el firmamento y brilló más que las demás. Melchor se sintió tan intrigado que decidió encaminarse hacia el horizonte para verla más cerca. Cabalgó sobre su camello y partió de viaje.
Gaspar, reinaba en Asia, sus cabellos y barba eran castaños y, como Melchor era un hombre de gran sabiduría. Él también vio la estrella desde su castillo y sin pensárselo dos veces, montó sobre su camello y emprendió la marcha tras la preciosa luz.
En África, otro rey famoso por sus predicciones astrológicas, se encontraba mirando el firmamento. Su nombre era Baltasar y sobre él se posó también la brillante estrella. Melchor corrió a sus establos, montó a lomos de su camello y se encaminó tras la brillante estrella.

CONTINUARÁ....